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PUERTO MADRYN, CHUBUT
Néstor Saavedra

Se puede pescar con señuelos en el mar Argentino. Obtuvimos pejerreyes, meros, salmones y escrófalos con jiggs y cucharas a un paso del centro de Puerto Madryn en la Patagonia.  

Durante muchos años se creyó que no se podía pescar en spinning y baitcast en las aguas marinas de la Argentina. Estas prácticas parecían reservadas para mares cálidos. Sin embargo, desde hace un par de temporadas volvimos a comprobar su eficacia en el mar, y en este caso a 1.400 kilómetros al sur de Buenos Aires en Puerto Madryn. 

En lancha

Nos embarcamos con el guía Juan Domínguez y nos acercamos al extremo del muelle Piedrabuena a no más de tres minutos de la playa Tomás Curti. La profundidad era de trece metros y comenzamos a tirar señuelos al agua con esta táctica:

Juan cortaba la marcha un poco aguas arriba de un planchón de piedras. Esto nos daba un par de minutos para bajar con los señuelos más pesados que teníamos para estos equipos leves: un jigg con cabeza colorada de plomo (35 grs) con un adicional de vinilio (gomita) con dos bracitos nadadores, de colores amarillo y lila. Para brindar menor resistencia al agua y no perder tiempo, usamos multifilamento del 0.14 y un terminal de acero corto y de 0.15.

Bajábamos el jigg hasta que tocara fondo. No bien llegaba, soltábamos un poquito de multifibra, tensábamos la línea recogiendo una vuelta y colocábamos la punta de la vara hacia abajo, como apuntando al señuelo. Con la punta levantábamos el jigg del fondo, lentamente. Si ahí no se producía el ataque, volvíamos a dejarlo reposar, dándole otra vez un poco de línea y repitiendo la operación. Sin embargo, en casi todos los casos el ataque se producía al levantar el jigg del fondo. Como nos encontraba con la punta de la caña y las manos algo altas, debíamos pegar un fuerte golpe de vara hacia arriba sobrepasando la altura de nuestra cabeza. Cuando tomaban el artificial mientras bajaba era más sencillo, porque aprovechábamos los centímetros más de carrera para la clavada. Con un poco más de paciencia y el agregado de un plomito de treinta gramos, pudimos bajar una cuchara Abu Salar de dieciocho gramos con la que también tuvimos piques y la captura de un lindo falso salmón. 

Emocionante

Con esta divertidísima técnica, donde la suerte queda un poco más relegada e importa lo que haga el pescador (si dejábamos las líneas "muertas", no teníamos ni un pique), obtuvimos salmones, escrófalos y meros. Los pesos no eran destacados, pero la cantidad de piques justificaba la salida: por cada pasada, una captura y mucha acción. Tengan en cuenta que usábamos un equipo similar al que empleamos en las lagunas para pescar taruchas, con lo que un salmón o un mero de dos o tres kilos parece un coloso que se pega en el fondo del mar.  

Pejerrey

Al otro día fuimos a pescar con señuelos pero de costa. Con una 4x4 bajamos los acantilados y pasamos playa El Doradillo (famosa por los avistajes de ballenas muy cercanos a la costa) y Punta Ameghino. Para congregar los peces, Juan y un par de amigos de Puerto Madryn que lo acompañaban cebaron con una mezcla de arena y caballa, de olor bastante fuerte. Al poco tiempo una mancha oleosa nos indicaba la zona de acción. Poco a poco empezaron a aparecer las aletas de los pejerreyes. Fueron ingresando cardúmes cuyos integrantes tenían tamaños alternados: primero, un cardumen de pejerreyes chicos (no más de diez centímetros); luego otro de pejerreyes "laguneros" como llaman los lugareños a aquellos que ya se acercan a los veinte a veinticinco centímetros. Los grandes (piezas de 800 a 1,500 kgs) arriban con los fríos más intensos..

Para pescar con cuchara usamos las giratorias chicas (números 1 y 0) del tipo Mepp's. La primera que probé tenía paleta plateada, pero no dio resultado. Juan me contaba, mientras tanto, que lamentaba no haber traído la caña de mosca, porque en invierno capturan ejemplares de buen tamaño usando imitaciones de insectos, como pequeñas ninfas y streamers. Esto me inspiró a buscar en la caja una cucharita del mismo tamaño, pero con pelos negro (wedless). El resultado tampoco fue satisfactorio: un solo pique errado.

La tarde casi había caído y se notaba la falta de luz, con el sol poniéndose a espaldas de los acantilados. Sospeché, entonces, que el pejerrey necesitaría algo más visible. En la caja encontré una cuchara número cero, con dos paletas doradas. La probé sin lanzar lejos y realmente hacía mucho alboroto. Fue la solución.

El primer tiro ya fue comida de un pejerrey, al que no pude clavar porque me sorprendió tomando casi a mis pies. El segundo lanzamiento fue atacada al instante, no bien cayó en el agua y, a partir de ese instante, casi cada tiro era un pejerrey en la arena.

La técnica era un tiro corto (de hecho con cucharas tan livianas, no se pueden hacer grandes casteos). Venía muy bien a tal efecto, el reel frontal, ya que con un reel de baitcast es casi imposible lanzar tan poco peso. No bien caía en el agua comenzaba a recoger para que la cuchara no profundizara más que unos diez a veinte centímetros. Los piques no se hacían esperar. 

Recuadro

Datos útiles

Guía de Pesca: Juan Domínguez, 02965-15664772, juanifly@hotmail.com  Especialista en mosca y señuelo, pero realiza todo tipo de pesca.

Alojamiento: Hotel Bahía Nueva, Av. Julio A. Roca 67, 02965-450145/450045, hotel@bahianueva.com.ar, www.bahianueva.com.ar Excelente servicio y ubicación.


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