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LA PAZ, ENTRE RÍOS - AQUI HAY DORADOS

Néstor Saavedra


En lugares insólitos para los pescadores tradicionales de carnada natural, encontramos muy buen pique en la zona del Espinillo. 

Casi siempre encontramos en La Paz algún tipo de pesca que nos satisface. Aunque no aparezcan los grandes portes del ayer, esta ciudad del norte de Entre Ríos siempre tiene algún as en la manga.

Disponíamos de muy poco tiempo para una salida de invierno: recién podríamos partir del puerto local a las 10.00 y a las 17.30 habría que retornar a amarras, pocas horas si se tiene en cuenta que para llegar a los mejores pesqueros navegaríamos cerca de una hora de ida y otro tanto de vuelta.

El día se presentaba con sol, pero frío. El río estaba aún en creciente y el hidrómetro local marcaba 4,04 metros. Por esta entrada de agua, el caudal del Paraná frenaba la salida de ríos y arroyos y no se formaban las clásicas “aguas negras”, ideales para capturar dorados, surubíes y otras especies cazadoras.
 
No tradicional

Con apenas un par de horas de aviso, la Dirección de Turismo local nos puso en contacto con los guías Orlando y Ariel de Posta Surubí, un hermoso complejo ubicado en plena urbe, pero sobre el río al lado del puerto de La Paz. Con una lancha bien pertrechada pusimos proa al norte para recorrer un corto tramo sobre el Paraná y proseguir por el riacho Espinillo. Con esta altura del río no teníamos problemas para pasar por encima los bancos de Punta Mitre, aunque tampoco encontramos lindas correrederas a la altura de La Esmeralda.

Los guías sabían que los pescadores tradicionales (no es un nombre peyorativo sino descriptivo), es decir, quienes usan los clásicos equipos para pesca con carnada viva, no habían traído capturas a puerto en estos días. Sin embargo y si bien llevábamos una caña para pescar en esta modalidad, buscaríamos los dorados con equipos de baitcast y spinning, por sitios menos frecuentados y más accidentados, donde es imposible pescar con plomo y morena.

El primer lugar donde nos detuvimos fue una pequeña isla en la que se armaban correderas a los costados, de un lado y del otro. El agua corría con velocidad, pero no tuvimos respuestas, salvo un pequeño mordiscón en una de las morenas medianas que encarnamos.

Una de las características de un buen guía es su "timing" para estar en los pesqueros: ni mucho ni poco tiempo. Un guía apurado, que no bien llega a un lugar ya está saliendo para el otro, probablemente no consiga buenos resultados. Pero un guía lento, que se echa a dormir en cualquier sitio sin buscar como perro de presa los cardúmenes es también indeseable. Orlando demostró ser buen guía en esperar el tiempo justo en cada sector de pesca y también en encontrarlos.

Levantamos el ancla y nos fuimos a otra punta interesante, donde el agua chocaba con fuerza. Al tercer tiro de Ariel con una morena viva en anzuelo 8/0 con plomada de treinta gramos, obtuvo el primer dorado de la jornada, que andaba cerca de los cuatro kilos. Nos habíamos propuesto hacer pesca con devolución por lo que esta y las próximas piezas retornaron rápido a su medio.
 
El Hondo

En unos quince minutos nos fuimos al arroyo Hondo, un largo curso de agua que proviene de más allá de la ruta 12. Lamentablemente casi no tenía corriente a causa de la altura del Paraná, pero de todos modos nos anclamos un poco afuera aguas arriba de su desembocadura y a unos veinte metros como para alcanzar bien los tiros con el equipo de baitcasting.

En el primer tiro se clavó un doradillo de un kilo, aproximadamente. Parecen ser los más saltadores y luego de muchas piruetas anticipó su libertad. Dejé el mismo Fat grande rojo y blanco (cardenal) y obtuve otro dorado chico. En otro tiro, el pez propuso una rápida corrida aguas abajo. No buscaba la superficie, por lo que supuse que se trataba de algún silúrido (tres puntos, surubí, etc). La lucha cada vez era más grande y no aflojaba. Luego de unos diez minutos logramos arrimar a la lancha una raya como de diez kilos, robada de su lomo. Seguramente estaba comiendo en la playa de tosca y barro anterior al veril, justo donde cayó el señuelo, que profundiza rápidamente por su tipo y tamaño de paleta.

Entre estos piques, Ariel capturó un dorado mediano usando una cuchara Abu Atom sueca de 35 gramos, con su equipo de spinning mediano. De golpe, y luego de un notable revuelo de la pequeña zona de pesca, el pique se cortó y Orlando comenzó a navegar aguas arriba por el arroyo Hondo, no más de unos mil metros.

Era difícil establecer hacia qué punto dirigir los señuelos. La carnada viva podía venir gareteando por el centro del cauce mientras derivábamos, pero ¿a dónde depositar los engaños? Recordando los consejos de Marcelo Morales opté por mirar dos sectores: los accidentes de la costa y los árboles semisumergidos. La costa era muy pareja salvo en un sector donde aparecía una punta. Hacia allí dirigimos los tiros y obtuvimos tres dorados chicos: dos con el Fat y uno con la cuchara. Un poco más abajo había unas ramas que aparecían en superficie, indicando un árbol sumergido. Se encontraban a unos diez metros de la costa y no nos permitían adivinar que escondían bajo las aguas. Era un tiro ideal para la mosca, pero, a falta de plumas bueno era arriesgar y tiramos al costado, con la sorpresa de un par de piques de dorados muy chicos y una obtención de un ejemplar de unos dos kilos. Antes de llegar a la boca, una rama del otro lado (izquierdo en dirección de la corriente) nos dio otro par de ejemplares. Un raro pique tuvo Ariel en la desembocadura. Parecía un dorado chico, pero cuando lo arrimamos descubrimos el colorido del dentudo cachorro, como se conoce en ciertos lugares este dentudo que tiene un ocelo en la cola y al que hemos capturado rara vez con Flat de paleta corta (Esteros del Iberá, Posadas, Santa Elena, Río Negro en el Pantanal brasileño) y nunca con carnada natural.
 
Tarde corta

El mediodía se pasó volando ... o, mejor dicho, pescando. Llegamos hasta los campos de Varesse en el arroyo Las Mulas. Bajamos en una interesante boca, pero el agua no salía de los campos. Ariel se quedó haciendo los tiros hacia Las Mulas y de golpe clavó con la Atom un dorado de unos tres kilos. Entonces, nos centramos en esa pequeña salida de agua casi retenida y obtuvimos tres ejemplares más, con una palometa incluida. Como el atardecer se acercaba raudamente volvimos al arroyo Hondo, donde obtuvimos un par de dorados chicos más, pero no había ni por asomo la actividad matutina.

Las correderas de Arsuaga nos regalaron otros dos dorados, de unos tres kilos cada uno, pescados esta vez con carnada viva a unos cien metros de la embarcación, es decir, dejando que la línea derivara lenta y lejanamente hasta llegar a la zona de pique. Nos acercamos para tirar con señuelos, pero no hubo respuestas. Quizá se deba a que, como había poca profundidad, los peces escuchaban el motor de la lancha a distancia y huían en busca de la tranquilidad.
 
Variada de cierre

Entonces, Orlando decidió visitar la reserva Curuzú Chalí y nos metimos por unos intrincados arroyos, cuyo recorrido solo conocen los lugareños.

Para realizar una rápida pesca variada cambiamos los aparejos: en lugar del cable de acero de treinta libras y el anzuelo grande, pusimos dos anzuelos pata larga número 2/0 encarnados con lombriz en cantidades generosas, al punto que cubrieran la totalidad del anzuelo y un poco de la brazolada, yendo por el nailon.

Pesca de espera con la lancha anclada, nos regaló los cabezazos de cuatro armados de uno a dos kilos, y un par de bagres amarillos, casi siempre presentes en la muy buena variada de la zona.

Estaba para seguir intentando y buscando lugares, pero el sol casi caía y todavía quedaba una hora de viaje hasta el puerto. En el camino conversamos sobre la versatilidad de los pesqueros paceños: siempre hay algo para pescar, siempre se obtiene alguna pieza, siempre hay oportunidad para alguna modalidad. Además, con las termas, el casino, el parque Berón de Astrada, el Museo Regional y el golf, es ideal para venir acompañado por los que no gustan de la pesca, pero que pueden pasar un día bárbaro mientras los “cañófilos” se embarcan. Opciones de costa hay muy pocas, aunque se pueden lanzar unas lombrices o zoquetes de sábalo en el puerto o en puerto Marquez. Sin embargo, la pesca en estos sectores y esta modalidad es pobre y solo sirve como excusa para estar en buena compañía o para ver un precioso atardecer del otro lado del Paraná.

El 23 y 24 de octubre se celebrará una nueva edición de la Fiesta del Dorado Entrerriano en esta agua. Como se pesca con devolución y, por tanto, todas las piezas acumulan valor, está ideal para mosqueros y señueleros. Seguramente en algún lugar y con algún buen guía de pesca, los dorados no faltarán.


                                                       Recuadro - Datos útiles

Guía de pesca - Orlando de Posta Surubí, 03437-421XXXX
info@postasurubi.com.ar

Más información:

Dirección de Turismo de La Paz
lapazturismo@lapazcoop.com.ar
03437-423501/422389/423601.


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