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VILA URQUIZA, ENTRE RIOS
Si sacar varias especies en
una salida de pesca es uno de los objetivos de la pesca
variada, podemos decir que estamos satisfechos con la
experiencia en Villa Urquiza. Aunque los tamaños no sean los
esperados ni el rendimiento subyugue por grandes cantidades,
en la variedad está el éxito de un par de jornadas sobre el
río Paraná. Villa Urquiza es un hermoso poblado de unas trescientas personas, cuya población se multiplica variadas veces cuando llega el verano. Razones no faltan para este crecimiento: las playas de arena son hermosas, apenas la separan de Paraná unos treinta kilómetros y el alojamiento es copioso (setecientas plazas) y de todos los niveles, aunque sin hoteles para no tener ni atisbos de las grandes ciudades. En cómodo viaje nocturno llegamos a Paraná en ómnibus. Desde allí tomamos una camioneta que en poco menos de una hora nos dejó en Villa Urquiza. En lugar del camino asfaltado por la ruta 12, tomamos el viejo camino de la balsa, una de las pocas que aún subsisten en el país. Es muy pintoresco llegar al arroyo Las Conchas y subir a un flotante que cruza a la otra orillas gracias a una polea que el viejo balsero mueve a mano para ir enganchados por un alambre que atraviesa el curso de agua. Todo un volver a vivir.
Ya del otro lado, alcanzamos
la “Villa”, como la llaman cariñosamente, en cinco minutos.
El nombre le queda de poco después de su fundación, cuando
dejó de ser la colonia fundada por Justo José de Urquiza,
para convertirse en un pequeño poblado o villa.
PRIMERA MANÃNA Nos esperaban en sus calles tranquilas y muy limpias, Pablo Nogués y Alicia Buralli, del Area de Turismo. Nos llevaron a los hermosos bungalows de Las Cabañas, donde dejamos las valijas y cargamos los equipos de pesca en la lancha de Lautaro Rodríguez. Recorrimos unas diez cuadras hasta el camping municipal donde bajamos la embarcación. Lautaro, junto al gauchazo Daniel Borghello, nos acompañaron en la primera jornada. Arrancamos aguas abajo cruzando el canal y casi enfrente del balneario. Como los piques fueron escasos volvimos a la banda entrerriana y comenzamos a trepar por la costa barrancosas en búsqueda de pozos para pescar variada. Sabíamos que luchábamos contra un gran problema: el río se encontraba en franca creciente, con aguas muy sucias. Y toda vez que un pesquero cambia la presión de agua, sus habitantes habituales, los peces, se muestran remisos a toda actividad, incluso la alimentación. Por esta causa creemos que durante toda la mañana apenas obtuvimos un bagre amarillo y un par de apretadores. En nuestra subida hacia el norte del Paraná tocamos un par de puntos muy interesantes. La zona de La Celina es importante registrarla para cuando remonte carnada, ya que tiene buenas puntas de piedras para probar con los doradillos con señuelos. En costa santafesina hay una punta que se ve a lo lejos por una manga de palos preparada para cargar hacienda. Allí tuve dos ataques de doradillos, bien pegados a la costa, con una mojarra chica de paleta corta de Alfer´s.
Aguas arriba el río recibe a
un arroyo amplio llamado Yacarecito. Las costas son muy
lindas para pescar variada, pero estaban desbordadas por la
reciente avenida de aguas. Incluso hay una interesante boca
de laguna, pero el agua no salía y, por consiguiente, no
hubo pique. Enfrente de la boca, paramos para comer a las
14.00, y luego volvimos hasta frente de Villa Urquiza.
Clavamos, al rato, un bagre blanco o moncholo mediano, y poco después, un inesperado invitado, que confirma lo que antes comentamos: un dorado chico que tomó en un pozo y con tripa de pollo, algo poco común por donde se lo mire. Y no fue casualidad: media hora más tarde, otro dorado más chico volvió a clavarse en el anzuelo pata larga 4/0. También picó un blanquito, bagre casi traslúcido llamado en otros lugares porteñito. El sol cayendo con un rojo vivo, como solo esta parte de la Mesopotamia puede mostrar, nos invitó cordialmente a abandonar el lugar. A la noche, mientras comíamos en compañía de nuestros anfitriones, hablamos preocupadamente del reducido stock de peces del Paraná.
Daniel colabora sin sueldo
como guardafaunas de la zona y dos días atrás había deco Un aporte interesante para despabilar a las autoridades pertinentes es la realización de concursos de pesca con devolución o con una extracción muy controlada. Villa Urquiza quiere mostrar sus bondades y para el 11 de septiembre próximo organiza la Primera Fiesta del Pescador Deportivo, con un torneo de pesca variada embarcada de tríos, de 8.30 a 16.00, con cena show y tres mil pesos de premio.
Como datos para los que se
anoten en el concurso o simplemente para los que quieran
pescar variada en la zona, les comentamos que las cañas más
rendidoras son aquellas que se adecuan a los pesos de las
plomadas de 80 a 150 gramos que se usan para pescar en los
pozos, especialmente con la marcada corriente del río.
Generalmente conviene emplear cañas cortas para moverse con
comodidad en la embarcación. Si bien es cierto que se pierde
placer al traer piezas chicas, una caña más leve no está
recomendada para arrojar pesos de esta envergadura. El
nailon puede ser tranquilamente un 0.40, aunque muchos
prefieren una madre un poco más gruesa para trabajar en las
zonas costeras donde hay muchos árboles hundidos. Un buen
consejo es usar un solo anzuelo para evitar lo máximo
posible los enganches y una brazolada de nailon más fino
para que, si hay que cortar, se pierda solo un anzuelo y se
salve la plomada. De todos modos, para este tipo de pesca
hay que contar con varios aparejos suplentes, porque hay
muchos cortes. Al otro día, salimos a pescar con el guía Sergio Angona, un porteño que se ha radicado en la “villa” en una clara apuesta a un nuevo estilo de vida. A la mañana fuimos aguas arriba, pero la pesca fue floja, aunque encontramos bellísimos lugares en la zona de El Chapetón, donde se pensaba construir la represa de Paraná Medio ya que el Paraná es verdaderamente angosto. Volvimos temprano a puerto para degustar un chupín de armado preparado por Daniel y nos volvimos a embarcar con el cocinero y Sergio, esta vez para conocer una zona de hermoso paisaje: el arroyo Las Conchas.
Este curso de agua que
desemboca en la margen sur de la ciudad está lleno de palos
hundidos que forman pequeñas correderas. Por eso, si bien
empezamos pescando palometas, pudimos capturar un par de
dorados chicos, usando carnada y señuelo. En una entrada que
lleva agua al Paraná vimos algunos saltos y allí estaban los
“tigres del río” aprovechando la buena altura del río para
cazar mojarras. En los palos tuvimos cuatro piques con dos
capturas, una de las cuales tomó un Killer chico blanco de
paleta corta, lanzado con una vara Jimmy Houston de Shimano
y reel Castaic cargado con monofilamento del 0.16. No nos quedó mucho tiempo para hacer un recorrido turístico por la ciudad, que promete mucho para el verano con sus playas naturales y complejos con piscina. Pudimos visitar algunas rarezas, como el camino de los tres cementerios (¡para un pueblo de 300 habitantes!) y el colegio-hogar La Providencia con sus artesanías, dulces y camping; en el casco urbano la historia se atesora en el Museo Regional Casa Aceñolaza, donde se pueden ver fotos y objetos del ayer local. Hay muchos rincones que nos quedaron por conocer como el amplio camino costanero de tres kilómetros, muy lindos para pescar desde la orilla mientras se prepara un buen asado. Villa Urquiza es ideal para los pescadores que quieren ir con su familia, novia o amigos que no gustan de este deporte. La atención de la gente es muy buena y se llega muy fácilmente porque hasta Paraná se puede ir por autopista prácticamente desde Buenos Aires, aunque algunos opten por las rutas entrerrianas para no pagar peaje. RECUADRO Datos útiles
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