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SURUBÍES EN ENTRE RÍOS

 

 

BUENA PESCA EN CANTIDAD EN EL PARANÁ MEDIO

Néstor Saavedra

Con el río Paraná muy crecido fuimos hasta la ciudad de La Paz, en el norte de Entre Ríos para buscar los primeros surubíes de la temporada.

BUSCARLOS

Con este panorama nuestro guía y amigo Víctor “Kiksa” Flores encaró la búsqueda del surubí. Su primera medida fue no bajar la lancha en el puerto de La Paz sino cargarla en el trailer y botarla en el camping que se encuentra sobre el arroyo Curupí a 46 kilómetros hacia el norte de la citada ciudad, casi en el límite con la provincia de Corrientes. De esta forma podríamos acceder a buenos pesqueros con un gasto menor de nafta.

En segundo lugar, preparó unas enormes morenas, conocidas como mamachas para jugarse una carta más. Además nos detendríamos en algún pesquero anclados sobre la costa para capturar mojarras, carnada blanca que a veces prefiere el surubí.

EN EL AGUA

Para esta pesca se utilizaron cañas de dos metros a dos metros y medio, con reeles rotativos cargados con doscientos metros de nailon 0.40. Al final de la línea madre enhebraron una plomada corrediza de cuarenta gramos (reemplazada por una de veinte gramos cuando se intentó al golpe o en lugares de menos correntada). Luego, se ató un cable de acero de treinta libras con esmerillón y un anzuelo 7/0 u 8/0 fijo sin mosquetón.

De golpe una de las cañas comenzó a curvarse lentamente. Kiska dejó que “corriera”, es decir que el pez tomara con confianza el cebo, mientras bajaba la punta de la caña señalando el agua. Lentamente el pez engulló la carnada hasta que el pescador cañeó con fuerza, dos o tres veces, porque se encontraba a larga distancia y siempre se pierde algo de potencia a medida que crecen los metros de separación.

Una vez pinchado el surubí comenzó con sus clásicas corridas, que se intensifican a medida que llega a la lancha. Cuando al surubí se lo levanta de su columna de agua habitual, es decir el fondo de los cursos de agua, nada con velocidad hacia el fondo. Es el momento en que el pescador debe templar los nervios para no recoger en exceso y provocar una fuerza contraria que lleve al corte. También los más novatos, al ver que el surubí desaparece de la superficie y se aleja de ellos, suelen poner el dedo sobre el carretel del reel o en la línea, con el mismo resultado infausto del corte.

Por supuesto que no fue el caso de nuestro guía que lo alzó sin problemas. Se trataba de un ejemplar de cerca de los tres kilos, que fue devuelto prontamente a su medio.

SEGUNDO

Al rato, en coincidencia con la pasada del cardumen, Kiska clavó una pieza un poco más grande, que rondaría los cuatro kilos. Por supuesto que también la devolvimos, con el pedido clásico de que fuese a buscar a sus padres. En este mismo sitio, días atrás Kiska obtuvo un buen ejemplar de unos diez kilos, pero pescando de noche, modalidad que particularmente no me gusta para poder disfrutar del paisaje y no sufrir los embates de la oscuridad y los mosquitos. Sin embargo, muchos pescadores la disfrutan. Sobre gustos no hay nada escrito.

Si bien abandonamos este pozón para dedicarnos a la buena pesca variada y de dorados, el surubí ya está presente y en gran cantidad entre Bella Vista y La Paz. Lo bueno de esta última localidad es que queda a solo 510 kilómetros de la capital argentina y tiene muy buenos guías y servicios como Kiska, que también provee alojamiento en sus departamentos. Se lo puede ubicar en 03437-422-634, pescadeportiva_vflores@yahoo.com.ar .


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