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Muchas tarariras, pese al viento. Prueba superada en el arroyo Sepultura: el viento no pudo con nosotros y pasamos una jornada con más piques y capturas que lo que tiempo parecía querer. Teníamos muchas ganas de ir a pescar taruchas a la zona de islas cruzando el Paraná entre Vuelta de Obligado y Ramallo. Sin embargo, un factor fue demorando nuestra partida: el fuerte viento. En lo que va de la primavera Eolo ha soplado como nunca en el año y se encargó de arruinar muchas salidas de pesca, especialmente en el mar, el río de la Plata y las incipientes excursiones a las taruchas. Es que ni siquiera el frío tiene tanta incidencia negativa esta última pesca, como la que ejerce el viento. Hemos pescado muy bien tarariras con dos o tres grados de temperatura ambiente, pero sin viento. Por el contrario, en días muy calurosos, a pleno verano, se ha levantado viento y el pique cesó casi por completo. Tantas postergaciones hicieron que se acercara la fecha de cierre de este número, pese a que tenemos la enorme ventaja de que podemos realizar notas hasta un día antes de imprimir, algo imposible para las revistas, pero que nos permite darle una notable vigencia a los relevamientos. Arreglamos una nueva fecha con los guías Esteban de Paoli y “Ruly” y, salvo que el viento viniera del sur, iríamos de todos modos. Y así fue. Sopló
toda la noche un “nortazo” de aquéllos. Eso hizo que en
Buenos Aires la temperatura mínima fuera de quince grados.
Ideal ... pero con viento. En San Pedro, punto de partida más cómodo que Vuelta de Obligado, por la gran cantidad de muelles ribereños, nos encontramos con el guía Ruly y nuestros ocasionales compañeros de jornada, tres muchachos de Alberti, provincia de Buenos Aires, muy bien pertrechados de equipos de pesca y señuelos: Nacho, Santiago y Maxi. Tomamos aguas arriba por el riacho San Pedro hasta salir al Paraná, donde perdimos el reparo del viento norte. Menos mal que provenía de ese cuadrante y acompañaba la corriente, porque de lo contrario hubiese sido imposible navegar por la potencia de la masa de aire. En la zona de Vuelta de Obligado, el río Paraná se angosta (de allí que cruzaran las cadenas con la intención de evitar que pasasen los buques “piratas” en la gesta que hizo que este accidente fluvial pasara a la historia) y las aguas se aceleran. En épocas de mayor stock de peces, era un excelente sector para capturar dorados, bogas y surubíes. Un poco
aguas arriba, ingresamos a territorio entrerriano por el
arroyo González cuya boca requiere baquía para no clavarse
en los bancos. En verdad, gran parte del trayecto por el
Paraná se realiza entre bancos que afloran por la bajante.
En la primera atracamos de nuestra mano derecha. Como característica común a todos estos pesqueros, hay muy poco agua (en algunos casos no más de veinte centímetros), son costas playas barrosas sin vegetación y tierra adentro se encuentran los huecos secos de las lagunas que usaban estas vías para desagote. El viento seguía soplando muy fuerte. Mi amigo Mario Comisso dejó a un lado la caña de mosca y se dedicó al spinning como el resto de los pescadores. Al principio fue duro, aunque una cuchara giratoria tipo francesa con cuerpo de bronce y paleta anaranjada me dio la satisfacción de sacar las primeras cuatro de la mañana. Dos picaron trayendo el engaño desde la costa opuesta hasta la posición del pescador; las restantes recogiendo en forma paralela a la costa. Lo que fue común como técnica hasta primera hora de la tarde en que calentó más la superficie del agua, era traer las cucharas con la mayor lentitud posible y rozando el fondo. Las taruchas estaban bien abajo, “clavadas” en el barro.
Avanzamos por esta lengua de agua hacia el interior, donde
se perdían luego de unas curvas. De repente los piques con
cuchara mermaron, si bien Ruly sacó algunos ejemplares con
un spinner bait con pescadito de goma. Los compañeros de
jornada sacaron a relucir unos señuelos que anduvieron como
los mejores: Mid Ware de la firma norteamericana Storm. A
diferencia de los Sub Ware, estos tienen una paleta corta
más recta, lo que hace que bajen menos. Según nos comentó
Nacho, vienen en un solo tamaño (los Sub, en tres) y en
diferentes colores, con las clásicas pinturas de esta firma.
Son señuelos “gorditos”, de poliuretano, huecos y con
sonajero (bolitas interiores o rattle). que se trabajan con
tracción continua y que respondieron maravillosamente. En
algunos lugares el pique era tiro a tiro. Debemos reconocer
también que los muchachos de Alberti tenían equipos muy
buenos para la pesca en baitcast, con reeles rápidos, de
gran capacidad de lanzamiento y recuperación, y cañas
veloces, cortas y con mangos cortos para trabajarlas con
mucha muñeca (una pena que el viento no nos haya permitido
gozar con estos equipos de una pesca de superficie, por
ejemplo, con sticks). Mermó el pique, los muchachos decidieron comer un buen matambre asado y, por consiguiente, buscamos otra entrada, esta vez con un arbolito en la boca donde Ruly se encargó de la parrilla. Mientras tanto pescamos de la costa sur, pero con muy poco pique: solo un par de taruchas con los Storm y otra con el Flat de paleta intermedia. Al término de almuerzo (eso de las 15.00) cruzamos con la lancha a la otra margen del desagüe y Mario caminó hasta el fondo (unos trescientos metros) hasta que una zanja de no más de diez metros de largo por dos de ancho tenía todas las taruchas juntas. Mario sacó tres en tres tiros. Vino hasta nuestra posición y nos avisó, con su generosidad, que vayamos a ese lugar, gesto que lo ennoblece aún más si tomamos en cuenta el espacio tan reducido del pesquero. Los tres amigos llegaron y cada uno sacó una tarucha en el primer tiro trayendo el señuelo desde el agua “abierta” hacia la zanjita. Luego “paseamos” las cucharas sin lanzar por la zanja y sacamos cuatro ejemplares: algo increíble porque no había más de diez centímetro de profundidad. Saturada la boquita empezamos a tirar a sus costados y siguieron prendiéndose taruchas en los mismos artificiales y les sumamos capturas con un Shad de Rapala (como es de madera balsa le quedó un diente de tararira clavado) y un Killer marrón de paleta corta.
Como la tarde avanzaba a eso de las 17.30 comenzamos a retornar por el Sepultura hasta una costa playa del mismo arroyo. El guía nos bajó en un sector y nos convidó a recorrer unos quinientos metros hasta una curva donde nos esperaría. Si bien un par de pescadores transitó esta vera, el pique en el primer lugar fue tan bueno, que la mayoría nos quedamos allí. Era un seno chiquito de no más de dos o tres metros de entrada, donde los canutillos anunciaba que otrora salía agua del campo. Mario cruzó embarrándose un poco para tirar más cómodo ante el espacio reducido. De ambos lados los piques se sucedieron con los mismos artificiales, más una cuchara giratoria número dos y un pescadito de goma con spinner número cuatro. Fue un interesante final de fiesta, con mucho menos viento que nos permitió navegar placenteramente a la vuelta y con ese imán que deja el cese del viento y que nos atrae a retornar no bien podamos a este paraíso de las taruchas. Todavía no picaron las muy grandes, salvo algún ejemplar que pudo haber rondado los dos kilos. El resto de las muchas que tomaron no superó 1,300 kilos, pero ¿quién nos quita la acción y el gusto de haberlas capturado con tanto viento? Las dificultades lejos de amedrentarnos deben ayudarnos a refinar las técnicas y a poner en juego todo lo que aprendimos y tenemos que aprender de este deporte.
RECUADRO 1 Al final de la segunda boca, me tocó vivir una experiencia insólita. Había tan poco agua y tantos peces, que en casi todos los tiros el multifilamento o el señuelo tocaban alguno. Con un spinner cañé con fuerza y de golpe la línea salió disparada como tiro hacia el centro del charco. Con dificultad traje a la costa un sábalo de un par de kilos enganchado por el lomo. Un rato más tarde, la corrida fue distinta, más lenta, buscando el cercano fondo: era una vieja del agua de buen porte, prendida por la cola. Otro intento terminó con una raya de unos cuatro kilos a la que el señuelo se le había enganchado en la aleta para luego zafar y clavarse cerca del ojo. La raya enseguida hizo ventosa y costó despegarla, para lo que tuve que emplear la técnica de dejar la línea floja para que nadara. Por último y cuando ya estábamos en la zanja de enfrente, en un tiro con una cuchara verde se prendió, esta vez de la boca, en una raudo ataque un bagre sapo mediano justo donde empezaba el corto veril sobre la salida más grande. Junto con la taruchas, entonces, cinco especie...
RECUADRO 2 A Esteban de Paoli y Ruly se los ubica en el 03329-15-552-087/15-552-029. Son ideales para mosqueros y señueleros, pero también llevan a pescar taruchas con carnada y pesca variada en general. Operan desde la ciudad de San Pedro todos los días de la semana. Para más datos y teléfonos o mails no duden en comunicarse con nosotros a ![]() |
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