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RÍO DE LA PLATA, LOS "OTRO" PECES DEL PARANÁ

 

Néstor Saavedra

Muchas especies ícticas no se enrolan entre los peces deportivos de la cuenca del Plata. Ocurre que la dificultad que implica encontrar ciertos peces, su tamaño o la lucha que brindan al ser clavados han opacado a muchos otros peces más comunes o de pelea o pesos más discretos.

La pesca deportiva en el Paraná Medio y Superior se circunscribe casi siempre a tres especies, el dorado, el surubí y el pacú, que por cierto son las más calificadas y las más buscadas. Fuera de ellos ningún otro ejemplar ha alcanzado fama, a excepción en ciertos pesqueros de la boga, muy apreciada en el río de la Plata y el río Uruguay. Sin embargo, éstos cuatro no son los únicos peces que pueblan el principal afluente del Plata y, con técnicas y equipos adecuados, otros pueden satisfacer al aficionado más exigente, máxime con la extracción indiscriminada de las especies citadas y su consecuente merma de volumen.

Raros y comunes

- Entre los peces de cuero (sin escamas), muy abundantes en esta cuenca, el más común es el bagre amarillo . Aparece durante todo el año, aunque en el invierno abunda en zonas, donde su pesca ha movido hasta la celebración de fiestas o concursos, como en Victoria (Entre Ríos) o Helvecia (Santa Fe). A la misma familia pertenecen otros tipos de bagre, como el chaleco, el sapo o el más grande de esta rama, el moncholo o bagre blanco, de los cuales hemos pescado ejemplares que orillaban los cinco kilos en Goya, Esquina y La Paz.

- El manguruyú es el mayor de todos los peces de cuero (se conocen “monstruos” de hace algunas décadas, que superaban los cien kilos). Lamentablemente es una especie que está en vías de extinción y actualmente sólo se encuentran, y no con tanta frecuencia, el manguruyú amarillo, de tamaño chico, en el Paraná Medio.

- El pez más grande de la cuenca del Plata, actualmente, es la raya, que puede alcanzar dos metros de diámetro y una centena de kilos. Sin embargo, raramente puede planificarse su captura, ya que se la encuentra al azar, en la pesca de espera con carnada natural como carnada.

- El patí es otro de los peces sin escama. Salvo en el Delta inferior y el río de la Plata, donde se lo procura deportivamente desde embarcaciones (y es un desafío obtenerlo, dado que no traga la carnada, la trae apretada y luego la suelta cerca de la lancha), en el resto del Paraná sólo tiene importancia comercial, y se lo suele pescar con tarros, que flotan a la deriva con una cuerda en cuyo extremo se ata un anzuelo encarnado con sábalo podrido. Me pregunto si no podría ser una pesca deportiva interesante o sustitutiva imitar a estos pescadores comerciales, pero usar caña y boyas.

- El armado también tiene algunos adeptos para su pesca, tanto en los anchos ríos del Delta, como el Guazú o el Paraná de las Palmas, como en ciudades como Santa Elena donde se promueve una fiesta provincial. La clave de su captura son plomadas muy pesadas para asentar rápidamente la línea en fondos profundos y pastas muy olorosas, las que generalmente se untan en un pan atado con gomitas.

- El manduví suele prenderse en líneas similares a las que usan para pescar pejerreyes y en la misma época fría. El manduvá prefiere, en cambio, tiempos más cálidos e incluso toma señuelos de paleta. Se caracteriza por su color amarillo y sus saltos fuera del agua. - A esta lista de bágridos hay que sumarles otros de menor valor recreativo, como el porteñito, el apretador o la virreyna.

Conclusión

Esta rápido repaso muestra la riqueza de las aguas paranaenses y las múltiples posibilidades de los pescadores, muchas veces opacadas por la luz que arrojan algunos peces más luchadores o más famosos. La creatividad, la variedad de equipos, la sutileza, la observación, la tenacidad, todos estos factores pueden transformar en exitosa una jornada sin las especies convencionales.
 

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