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MATUNGOS
DEL RÍO DE LA PLATA
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Néstor Saavedra
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Los pescadores sabemos que
las sorpresas que puede deparar el río de la Plata en
materia de pejerreyes son únicas en el país.
Los amigos Claudio de Pizzini, Adolfo García Marque y Mario
Arce armaron una salida de pesca aprovechando los primeros
sábados de mejor clima. Después de tantos días de lluvia y
viento, el portal
www.windguru.com aseguraba
que ese sábado sería el único próximo día con vientos de no
más de diez nudos. No obstante los molestó bastante un
sudoeste más fuerte aun de lo pronosticado.

LA
PESCA
A las 8.15 salieron de la guadería Puerto Deseado, Tigre,
con el Sunbird de diecinueve pies de Claudio, con un
H.P.D.I. 150 HP. En el río de la Plata, dice el piloto “nos
encontramos con un viento y oleaje (previsto) que soportamos
bastante bien hasta La Depresión. Decidimos probar suerte
allí. Al mediodía teníamos sólo dos cornalitos.”
Claudio
les avisó a los otros dos tripulantes: “muchachos, si no
tienen dentadura postiza, intentemos más afuera.” Así puso
en el GPS rumbo al Supremo Entrerriano, un conocido barco
hundido. Adolfo (“el Gallego” para los amigos), gran
pescador de mar, estaba haciendo su primera experiencia con
el “peje”. No bien llegamos, con fuerte oleaje, él clavó el
primero, un ejemplar de más de medio kilo. Gran emoción para
“el Gallego”.
Desde las 13.00 hasta las 16.30 “levantaron” treinta y nueve
ejemplares, entre ellos, algunos de un porte espectacular:
el más grande midió 51 centímetros.
A duras penas, los pejerreyes les permitieron comer algo y
la botella de Nieto Senetiner Malbec quedó por la mitad.
Sirvió para medir que varios pejerreyes la superaron en
largo y en “diámetro”, ampliamente.
Mario
se resistía a “levantar y desarmar” para el regreso. Decía
al capitán: “esperá un poco, el viento está bajando”. Menos
mal que la vuelta fue a favor del oleaje.
Un amigo de Claudio, apodado “Capitán Plomo”, porque es
“fana” de la pesca del pejerrey a fondo, por radio le avisó
que estaba en los bancos y cuando se levantó tanto viento
dejó de tener pique. En realidad, ese día con el agua en
creciente era para pescar a flote y no a fondo. En la
guardería y, al comprobar ambos resultados, se afirmó esta
idea.
En fin, allí surgieron las chanzas con el “Capitán Plomo”,
que por respeto no damos su nombre.
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